TOCADOR LUIS XVI

Esta pequeña estancia, situada entre la Alcoba Leones y el dormitorio Luis XVI, cumplía las funciones de vestidor para la habitación de Ezequiel y la de su esposa Faustina. En esta pequeña habitación se encuentra una de las obras más preciadas de la colección Fundación Selgas-Fagalde, el Ecce Homo de Luis de Morales, figura cumbre del Renacimiento español y uno de los lienzos más destacados dentro de esta tipología popularizada por el pintor extremeño. Se trata de una tabla pintada al óleo, en la que el pintor trata una de sus iconografías más características.

En la habitación también se encuentra otro lienzo de la escuela de Il Bamboccio que representa una nueva Escena de taberna, una de las temáticas más características de este grupo holandés. A su lado se encuentra una obra de escuela francesa el siglo XVIII que ilustra una escena cortesana y que lleva por título Reunión de damas y caballeros. Entre el mobiliario que decora este tocador destaca el armario estilo holandés que exhibe un cuidado trabajo de marquetería con incrustaciones de madera de diferentes tonalidades, las cuales crean un dibujo de inspiración vegetal de enorme delicadeza.

OBRAS DE ARTE

ECCE HOMO

CRONOLOGÍA: S. XVI (Mediados)
ESTILO: Renacentista
MEDIDAS: 0,72×0.49 m.
TÉCNICAS: Pintura sobre tabla
MATERIALES: Tabla, pintura al óleo

Se trata de una tabla pintada al óleo, en la que el pintor extremeño Luis de Morales trata una de sus iconografías más características: un Ecce-Homo. Con sus numerosas versiones sobre este tema, Morales creó una tipología de Ecce-Homo de la que constituye un buen ejemplo esta tabla: se representa la figura de medio cuerpo, ligeramente ladeado, maniatado y con la frente surcada de gotas de la sangre que mana de las heridas producidas por la corona de espinas. La figura se dispone sobre un fondo neutro, en este caso muy oscuro, característica ésta muy particular del pintor extremeño, que presenta sus escenas sacras en un mundo conceptual, fuera de tiempo, acorde con los postulados contrarreformistas de la época. Cabe resaltar en esta obra la ausencia de dramatismo y gesticulación que eran usuales en la representación de este tema, para insistir en los aspectos visionarios e incluso irreales de la visión, reforzados, precisamente, por ese fondo inexistente. Con ello Morales se adscribe a la tendencia misticista de la imagen religiosa que había sido planteada por artistas florentinos como Rosso o Pontorno. Técnicamente la obra presenta una pincelada muy lamida y un acabado extremadamente minucioso, como es habitual en las obras de Luis de Morales. Esa insistencia en el detalle, que persigue un naturalismo exacerbado, se manifiesta particularmente en los rasgos faciales o en el tratamiento de los cabellos y la musculatura que denotan un profundo estudio anatómico. Cromáticamente en la tabla se contraponen las notas frías del fondo y del manto azulado que cubre parcialmente el pecho de Cristo, con los tonos cálidos de la piel y del cabello de la figura.

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